Sin transición ni elecciones: el chavismo redefine las reglas para mantenerse en el poder
- esfalsoque

- hace 3 días
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Venezuela no vive una transición, sino una continuidad bajo nuevas condiciones. Lejos de desmontarse, el sistema político venezolano parece estar reacomodándose para sobrevivir a una crisis sin precedentes.
El punto de quiebre ocurrió el 3 de enero de 2026, cuando una operación militar de Estados Unidos irrumpió en territorio venezolano y terminó con la captura de Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores. La ofensiva, que incluyó ataques en Caracas y otras regiones, abrió un vacío de poder inmediato en la cúpula del Estado.
En ese contexto emergió la figura de Delcy Rodríguez, hasta entonces vicepresidenta, quien asumió las riendas del Ejecutivo siendo respaldada por una decisión del Tribunal Supremo de Justicia. El máximo tribunal declaró una inédita “ausencia forzosa” del mandatario, una figura no contemplada explícitamente en la Constitución venezolana, pero utilizada para justificar la continuidad administrativa del poder.
La Carta Magna solo reconoce dos tipos de faltas presidenciales: la temporal y la absoluta. Esta última obliga a convocar elecciones en un plazo de 30 días, como ocurrió tras la muerte de Hugo Chávez en 2013. La aplicación de una figura distinta, no prevista en el texto constitucional, deja en suspenso ese mandato y abre un escenario de indefinición institucional.
Lejos de implicar una ruptura, lo que se observa es una reconfiguración del mismo esquema de poder. Rodríguez gobierna con el respaldo de las estructuras chavistas y ha comenzado a tomar decisiones clave, desde nombramientos en el sistema judicial hasta acuerdos económicos con actores internacionales, en un intento por estabilizar el país en medio de la presión interna y externa.
Mientras tanto, el debate sobre la legitimidad sigue abierto. Sectores de la oposición y de la comunidad internacional cuestionan tanto el origen de su mandato como la falta de elecciones.
Más que un cambio de régimen, Venezuela atraviesa una mutación: el poder no desaparece, se adapta. Y en ese proceso, las reglas que antes parecían inamovibles hoy quedan, como el propio país, suspendidas en el aire.



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